viernes, 22 de enero de 2016

Nací en Venezuela, un país de mentes brillantes, pero todavía poco valoradas en el teatro de las naciones. Nuestra educación no se cuenta entre la mejores del mundo. Sin embargo, la educación que hemos ido promoviendo pone en pésimos lugares a todas las grandes naciones, incluso a los países más ricos y desarrollados. Obtener títulos, posgrados y doctorados, parece hoy un crimen educacional, la pérdida de sentido y las ganas de construir un mundo mejor desde la educación han hecho que millones de personas pierdan el placer por la vida. Sabemos que para los ojos del mundo no somos los mejores, pero estamos en busca de ello.
Necesitamos construir una sociedad que forme líderes pensantes, una sociedad que alimente el diálogo y reanime a cuantos se han quedado de brazos cruzados. No podemos continuar desarrollando modelos agotadores, necesitamos identidad propia, pero esto sólo será posible si comenzamos por ser nosotros mismos, si formamos pensadores altruistas que posean mentes libres y una emoción saludable. Basta de continuar formando personas enfermas para una sociedad enferma. Lo ideal sería que la educación llevara a cabo la más pacifista y sólida revolución social formando pensadores, y no repetidores de ideas.


"Tal vez cuando cerremos nuestros ojos a la vida, cuando ya no podamos contemplar las maravillas que nos rodean, cuando nuestros brazos sean inútiles y no seamos capaces de divisar el sol que nos alumbra, entonces comprenderemos que no fuimos más que unos simples peregrinos".


Jesús Jassad.


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